8 trucos para lidiar con el mal genio

Si alguna vez te cabreas hasta el punto en que, al cabo de unas horas (días, semanas…) tienes alguno de los siguientes pensamientos, esta entrada es para ti:

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De una época en la que me enfurruñaba bastante 😀

  • Se me ha ido de las manos.
  • Me acuerdo de cómo me puse y no me reconozco.
  • No sé ni cómo pude decir eso.
  • ¡Ojalá hubiera pensado dos veces antes de decir lo que dije!
  • ¿Y de qué ha servido que me pusiera así?
  • Con lo bien qué podríamos haber estado y me cabreé por una tontería.

(La lista es interminable)

Cuando analizamos una discusión desde la calma, conseguimos ver cuál habría sido la mejor forma actuar. Sin embargo, ¿qué sucede para que perdamos los papeles por completo?

Hemos perdido por completo el momento presente, la única realidad que existe. Nos hemos identificado con una postura que queremos defender a toda costa y nos enrabiamos como forma desmesurada de decir que no queremos algo. Lo que podría haber sido una mera conversación con intercambios de opiniones de forma relativamente objetiva, se convierte en algo personal porque, sea por lo que sea, nos sentimos atacados por la postura de la otra persona, nos sentimos en peligro ante una amenaza.

Que no suene dramático, somos mucho más animales de lo que creemos. ¿Qué sucede cuando, por ejemplo, te cabreas tremendamente ante una iniciativa de tu pareja? Simple y llanamente, tienes miedo de perder el control. Tienes miedo de que esa persona acabe prefiriendo situaciones o compañías que no te incluyen a ti. En última instancia y analizando más a fondo, todo se reduce al miedo muy inconsciente de perder a esa persona. En cualquier caso, hoy es día de pasar a la práctica. Me gustaría compartir con vosotros algunas técnicas que, con el tiempo, nos ayudarán a estar 100 % presentes en las conversaciones, de modo que ni se contemple la posibilidad de montar un pollo:

  1. paz interior

    Viviendo cada día más en paz 🙂

    Tomar conciencia de las emociones que surgen en nuestro interior. El primer síntoma de que te estás encendiendo es ese calentón que te entra en el estómago cuando alguien te está diciendo algo que, en tu mente, no procede.

El primer, primerísimo paso de este proceso para mantener conversaciones con calma es darse cuenta de ese ronroneo en el estómago. Tenemos que tomar conciencia de lo que se activa en nuestro interior alertándonos de que algo ahí afuera se nos escapa de las manos. Vigílalo, obsérvalo y ante todo mantén la conciencia de que ha habido un cambio interior.

  1. Toma un par de respiraciones profundas y trata de mantenerte frí@ ante la conversación. Recuerda que tú no eres ese cúmulo de emociones que se genera en tu interior, sino esa paz y ese control que te permite darte cuenta de la procesión que llevas por dentro.
  2. Toma la determinación total y absoluta de hablar desde la calma y no saltar. Todo cambio requiere una decisión previa. Si no, estamos perdidos.
  3. Truco 01: describe los hechos en lugar de implicarte en la conversación, como si no fuera contigo la cosa. Imagínate que tienes un cuadro delante de ti. Puede que sea un paisaje con montañas, un río, cielos azules, flores primaverales… Decir lo que ves en ese momento sería describirlo. Sin embargo, cuando hablamos de las emociones que sentía el pintor cuando realizaba la obra son solo conjeturas, ¿no? De la misma manera, cuando discutes con otra persona, tienes la opción de limitarte a describir los hechos objetivamente sin entrar en las intenciones, los pensamientos o los deseos ocultos de la otra persona. Restringe la conversación a aquello que ha salido a la luz y olvídate de darle vueltas a cosas que en realidad no sabes.
  4. Complemento del punto 4: Si tienes dudas, pregunta. Preguntar nos libera de un sinfín de quebraderos de cabeza. Pregunta más y piensa menos. Recuerda: las interpretaciones que hagas sobre los hechos son tus pensamientos, no la realidad.
  5. Si notas que aumenta la intensidad de las emociones de tu interior, vete. Tan simple como eso. No caigas en dejarte llevar por esas emociones. Ve al baño o a donde sea y aléjate hasta que puedas retomar la conversación con más calma.
  6. Ponte a la pata coja. Como lo oyes. Este truco se lo escuché a Kim Eng. ¿Quién consigue alejarse del momento presente estando a la pata coja?
  7. Mantén la voz pausada y un tono tranquilo y estable. Habla desde la calma. Al centrar tu atención en esos factores (igual que con la pata coja) evitarás dejarte llevar por el impulso.

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Ese cambio sucederá cuando de verdad tengas el deseo de que así sea y lo demuestres una y otra vez. Eso sí, permítete fallar y levántate con la misma fuerza tras cada intento fallido.

Recuerda: puedes decir mucho más, y de forma mucho más coherente, cuando lo haces desde tu paz interior. Sé consciente de lo que dices en todo momento y vivirás libre de arrepentimientos posteriores. Puedes decir aquello que opinas, sí; puedes expresar tus deseos, sí; puedes proponer, sí; puedes discrepar, sí. Pero todo ello solo tiene sentido si lo haces sintiéndote bien antes, durante y después.

¿Alguna vez ha contribuido una de esas discusiones a que tengas una vida más feliz?

Como dice Eckhart Tolle: Nada es más importante que tu paz interior.

Con mucho amor,

Davinia Lacht

Una vida en equilibrio

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