¿ESTOY HACIENDO LO CORRECTO?

aguas-en-calmaLa última semana de julio fui a Taizé a pasar una semana en silencio.

Algo me arrastró, volví 3 semanas más tarde para pasar 5 semanas como voluntaria en la comunidad.

Algo me ha vuelto a arrastrar, vuelvo a Taizé a pasar un período de tiempo de momento no definido.

Cuando me preguntan el porqué, me cuesta tanto dar una respuesta… Y me cuesta porque no es nada racional lo que me lleva a ir allí de nuevo. Algo me hizo sentir que, por ahora, mi lugar está allí. No se puede negar que el lugar es mágico, se respira una paz inigualable, los cantos son inspiradores, es muy fácil encontrar un espacio de silencio, vives en plena naturaleza con bosques y praderas a unos pasos de distancia… Pero la decisión va más allá.

La decisión nace de sentir que es el lugar adecuado. Nace de sentir, desde el silencio, que puede surgir un bello intercambio en el que todas las partes crezcamos juntas como una. Nace de esa inspiración que, una vez más, me ha hecho renunciar a la comodidad y estabilidad que toda madre desea para sus hijos (cierta estabilidad, en mi caso; los trabajos cómodos nunca han sido lo mío).

Renunciar… ¿Y si me equivocara? Pero… ¿qué es equivocarse? ¿Acaso la vida no tiene el potencial de enseñarnos justo aquello que necesitamos, hagamos lo que hagamos? ¿Qué es equivocarse? ¿Tener que empezar de cero una vez más en lo que a cuestiones prácticas se refiere? ¿Y acaso son las cuestiones prácticas las que van a traer el esclarecimiento a nuestras vidas?

Toda decisión que nace desde la calma, desde el silencio interior, tendrá algo que aportarnos. Es ese silencio el que me impulsa a dejarlo todo, a verme en situaciones que nunca habría elegido en el pasado solo por esa sensación de lo que es correcto. Sí, es la convicción absoluta de que es lo correcto, de que es el paso que tocaba dar; y, como tal, trae la paz que uno siente al hacer lo que sabe que está bien.

Tal vez parezca que las cosas se agitan a nivel exterior por todo el cambio que ha tenido lugar en estos días; pero tras ese cambio hay un poso… Hay un algo que permanece inalterado, un algo que se siente seguro ante toda esa agitación, un algo que sabe que pronto las aguas volverán a calmarse. Ese es el algo que me da fuerza, determinación y paz en cada uno de estos pasos.

Así pues, de ahora en adelante y si las conexiones lo permiten, será la pequeña aldea de Francia desde donde escriba todo aquello que decida salir 🙂

Con mucho amor (¡desde el aeropuerto!),

Davinia

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