Para ser buena persona

El otro día hablábamos de solidaridad y me sorprendieron los comentarios y experiencias de los compañeros por cuánto diferían de lo que yo siento en mi interior sobre esos conceptos.

Un chico norteamericano decía que uno de los retos de ser solidario es el poco agradecimiento por parte de quien recibe el acto solidario.20160920_163608

Una chica de la República Checa comentaba que le resultaba difícil dar limosna porque, en caso de que se tratara de mendigos, dudaba sobre
quién pedía verdaderamente por necesidad. Al final, acababa por dar limosna a cualquiera que se encontrara solo por sentirse bien con ella misma, por sentir que hacía el bien.

¿Qué es una actitud solidaria: el acto en sí o la intención con la que el acto se lleva a cabo? ¿Hablamos de solidaridad en alguno de los casos anteriores, o de pura necesidad egoísta?

¿Es compasión dar y esperar algo a cambio? ¿Es compasión dar solo por sentirnos bien con nosotros mismos?

La verdadera compasión es un estado interior de pureza, de amor incondicional, que nos permite vernos en el prójimo y ver al prójimo en nosotros mismos. Es la conciencia de la unión, es comprender que nada nos separa y que cuando hacemos el bien o cuando alguien hace el bien a otros, también lo recibimos nosotros. Si el amor, el único amor verdadero, es incondicional, ¿dónde tiene cabida esperar algo a cambio, aunque solo sea un agradecimiento?

El verdadero acto solidario nace de la paz interior, de la pureza de corazón y del discernimiento. Solo cuando la mente es pura nos vemos motivados a actuar de forma altruista sin intentar representar un papel de buena persona, sin querer sentirnos buenas personas; y no esperar que alguien nutra nuestro ego diciéndonos lo bondadosos que somos (ni siquiera nuestra voz interior).

De forma natural somos buenos, generosos; y la actitud natural humana es la de servir desde el amor. No obstante, eso solo podrá suceder cuando estemos en contacto con esa naturaleza divina. Si vivimos en el miedo, la codicia, la avaricia y la competencia nunca nos pasará por la cabeza la idea de dar porque sí.

La verdadera solidaridad procede de la compasión y es un acto de amor incondicional; y si es amor incondicional, como su nombre indica, no puede haber condiciones de por medio.

De la misma manera, dar solo para sentirnos bien con nosotros mismos no es compasión, ya que estamos buscando una recompensa en forma de sentimiento interior. Ser solidarios no nace de forzar un acto solidario, pues así conllevará intenciones egoístas ocultas.

La compasión nace de purificar la mente y sentir nuestra esencia divina para que no tengan cabida los pensamientos egoístas, la necesidad de reconocimiento, la necesidad de aprobación… Y que solo exista el amor incondicional. Es darse cuenta de que somos completos tal y como somos, sin necesidad de ningún tipo de aprobación y sin ponernos normas sobre lo que debemos hacer para sentirnos buenas personas. Cuando vivimos en esa paz divina el acto solidario no se busca, sino que nace por si solo. No tenemos que preguntarnos ni cómo ni cuándo ser compasivos porque nos guiará una fuerza superior, esa fuerza interior de la intuición que sabe cómo y dónde se necesitan nuestras manos.

La solidaridad pasa a ser un acto espontáneo e inevitable de amor.

Con mucho amor,

Davinia

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