Gracias a la vida

A unas horas de cerrar un ciclo de un año. Mañana hará 29 años que recibí el regalo de la vida, una oportunidad para volver a casa, para recordar quién soy y decidir ser ese yo desde la conciencia.

Una vida es un regalo justo con ese fin: decidir conscientemente si queremos vivir en la luz o en la oscuridad, en la dicha o en el sufrimiento, en nuestra esencia de vida eterna o en lo efímero de lo terrenal.

La decisión está tomada desde hace tiempo. Ahora solo falta ser 100 % coherentes con ella y que la vida sea un reflejo de esa fuente de eternidad. ¿Vivir en el engaño y creer que el medio es el fin? ¿O vivir en la verdad de una vida dedicada a lo eterno, desde lo eterno y en la actividad?

Días helados al sol…

Es nuestra decisión.

Hoy se cierra un año de cambios inesperados, tan agitadores como portadores de paz. Dicen que para saber si has tomado la decisión adecuada basta con observar cómo te hace sentir. Yo siento paz, una paz profunda, sincera. Una dicha y satisfacción que nada dependen de lo que sucede alrededor.

El año pasado celebraba mi cumpleaños en la ciudad, estrenando unas estupendas zapatillas urbanas y con el pelo estupendamente planchado. Este año lo celebraré en una pequeña aldea perdida en Francia, con varias capas de ropa para protegerme del frío y una melena al viento que poco se acuerda de las batallas contra la plancha del pelo a fuego vivo. En la naturaleza. En mi naturaleza.

La vida se vuelve cada vez más sencilla a la vez que más plena. No necesitar da libertad, ligereza y la paz de quien puede valerse con poco. La vida es cada vez más sencilla hasta el punto de cuestionar qué sentido tiene lo que se considera una vida normal. Perder la paz por un trabajo, una casa, la imagen que tenemos de nosotros mismos y la que queremos preservar frente a los demás… Creyendo que ese es todo el fin de nuestras vidas. El tiempo se invierte en trabajar o en  intentar olvidarse del trabajo. ¿De verdad es eso la vida? ¿De verdad es eso todo?

Venir a Taizé nunca fue una huida de lo que tenía en casa. Me gusta(¿ba?) mi trabajo, mi entorno, mi ciudad, mi, mi, mi… Y lo cambié por pasar un tiempo en un entorno que en principio ofrecía muuuucho menos confort, pero al que mi corazón me instaba a venir.

Deberíamos escuchar a nuestro corazón más a menudo. Tal vez sepa más que nuestro cerebro.

…o escondidos en la niebla 😉

La vida aquí me incita a la creatividad y sé que las cosas nunca volverán a ser como antes porque, simplemente, no podrían serlo. ¿Cómo cambiar la luz del sol por la de una bombilla? ¿Cómo cambiar el mar por una piscina hinchable? Vivir consiste en escuchar, actuar y adaptarse a los cambios. Vivir es ser capaz de morir ante el ayer y renacer en cada sol.

 

Gracias, gracias, gracias a la vida por enseñarme mi camino y por hacerme ver la belleza en lo diminuto, la perfección en cada instante. Gracias por los momentos de paz, conexión y lucidez. Gracias por ofrecerme un día más para estar en este mundo y compartir el regalo de vivir. Gracias por la libertad para ser quien soy y por darme valentía para serlo. Gracias por la sorpresa de cada amanecer y por recordarme a cada instante que no sé nada: ni de lo que soy capaz ni de lo que deparará el futuro. Gracias por enseñarme a ser feliz.

Hoy se cierra un ciclo; pero no hay noche sin amanecer. Mañana se abre uno nuevo y estaré alerta, con los brazos abiertos, para recibir cada uno de sus regalos.

Gracias, gracias, siempre gracias.

Davinia

1 pensamiento sobre “Gracias a la vida”

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