NAVIDAD EN LA ALDEA

Es una Navidad diferente: lejos de la familia, sin grandes adornos navideños, sin regalos (ni que recibir, ni que comprar), sin calles iluminadas ni aceras abarrotadas. Sin tener que pensar en compras de última hora ni decidir menú para los diferentes días. Este año no hay grandes cenas con amigos ni dulces tardes en un pequeño café. No hay despedidas hasta el año que viene ni apenas felicitaciones de Navidad.

Son unas fiestas diferentes: tan simples, tan sencillas, que devuelven al verdadero valor de estos días. Es un sentimiento extraño: por un lado, no está presente la sensación habitual de Navidad; por otro lado, no tener esa sensación de siempre permite ver y conectar con el aspecto profundo de estas fiestas como nunca antes.

Creo que todos, sea cual sea el bagaje religioso o cultural, podemos entender que Jesús vino a la Tierra a compartir un mensaje de amor desde lo más bello y profundo de su interior. Nació en la mayor sencillez y humildad para demostrarnos que poco importa quiénes seamos o de dónde venimos: todos, absolutamente todos, podemos conocer la vida eterna y vivir en la dicha absoluta de la que él nos hablaba.

En estos días celebramos su nacimiento y, con ello, las enseñanzas que trajo consigo. Ese sencillo mensaje de amor es para vivirlo con la sencillez de un alma pura. Lo que solemos entender como Navidad está, más bien, relacionado con la pérdida de esa pureza.

¿Qué tienen que ver el barullo, los atracones hasta no poder movernos, el exceso de alcohol y de azúcar y la pérdida total de conciencia con el amor perfecto, incondicional y eterno del que nos hablaba Jesús? ¿Qué tiene que ver el ambiente navideño con la virtud, la sencillez, el amor y una vida dedicada a lo eterno?

Este año me llena de paz conocer desde el corazón la naturaleza humildemente perfecta de estos días. Me alegra entender que, en su aspecto exterior, no necesitamos nada para celebrar estas fechas: ni regalos, ni comilonas, ni compras de última hora ni estrés. De hecho, todo ello es lo opuesto a la naturaleza de estas fiestas.

Estas Navidades se han convertido en un regalo para el alma: entender que la verdad solo reside en la sencillez; la misma sencillez que Jesús nos mostró desde su nacimiento hasta su muerte.

Gracias, Taizé, por ofrecer una vez más el espacio para entender.

Davinia

1 pensamiento sobre “NAVIDAD EN LA ALDEA”

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