24 horas en Ámsterdam

Limitar nuestra vida espiritual (¡¿y qué queremos decir con vida espiritual?!) a los ratos de meditación, a la práctica de yoga u otras disciplinas, a las visitas a la iglesia o a cualquier otro acontecimiento aislado sería vivir una vida fragmentada, tal vez desde el desconocimiento de que todo aquello que sucede está ahí para darnos una oportunidad nueva: una oportunidad para dejar de creernos todo aquello que sucede a nuestro alrededor, para dejar de identificarnos con nuestras penas, nuestros males y alegrías; y, por otro lado, para profundizar en nuestra esencia y ser quienes verdaderamente somos.

En Ámsterdam 🙂

Hace aproximadamente un año y medio me dirigía a Montreal para hacer un curso de un mes que me capacitaría como profesora de yoga. En Ámsterdam 😉Hice escala en Ámsterdam y pasé allí 24 horas visitando, por primera vez, la ciudad. Tenía la mañana libre antes de dirigirme al aeropuerto para volar hacia Montreal y fui a dar un paseo que acabó por ser mucho más inspirador que cualquier práctica aislada.

Serían entre las 9 y las 10 de la mañana, hacía un día espléndido e iba paseando mientras comía pedazos de un pan con semillas de calabaza recién horneado. De pronto, veo que se dirige hacia mí con mucha determinación un hombre muy grande y muy alto (lo dice alguien que mide 1,83 m). Intenté esquivarlo, pero él cambió su rumbo forzando así un choque entre ambos. Ahí siguieron unos segundos, tal vez minutos, que parecieron durar horas.

Me empujó en repetidas ocasiones con una actitud muy agresiva mientras preguntaba con un tono de voz elevado si iba buscando pelea. Lo curioso es que estábamos en una calle amplia, con gente, pero nadie pareció verlo. Era como si estuviéramos en una burbuja separados del resto. Yo solo le decía, con mucha calma, que me disculpara, que no era mi intención chocarme, que me había despistado.

Por un instante sentí miedo y veía que en cualquier momento me iba a pegar un puñetazo. Sin embargo, de pronto hubo un giro dentro de mí y pude ver más allá. Pude ver que en esa persona había alguien que me traía una lección.

Por suerte, acabó por marcharse. Yo me senté en un banco durante unos minutos para respirar hondo y permitirme entender desde la profundidad aquello que había sucedido. Al cabo de un rato, surgió en mí una sonrisa de gratitud. Esa persona me estaba dando la oportunidad de amar incluso a mis enemigos y de ver más allá de la ignorancia humana que puede buscar hacer daño a los demás. Algo así solo puede suceder cuando no entendemos el vínculo que nos une a todos. Me permitió ir más allá del pequeño yo que puede sentir miedo en tal circunstancia para sentir desde el corazón que todos, todos, estamos unidos y que todo lo que sucede tiene un porqué. En este caso, el porqué podría haber sido aprender a amar a todos por igual, incondicionalmente. Quién sabe. Qué más da.

En Ámsterdam 🙂

Podría haber caído en el engaño de lamentarme, de contarlo mil y una veces sintiéndome una víctima y culparlo; podría haber pasado a vivir con miedo o sentir que el mundo es hostil. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Solo podemos comprender cuando nos damos cuenta de que todo lo que sucede a nuestro alrededor tiene un sentido.

 

La espiritualidad se vive en el día a día, de instante a instante. La vida se encargará de hacernos experimentar todo lo necesario para que seamos quienes somos llamados a ser.

 

 

2 pensamientos sobre “24 horas en Ámsterdam”

  1. Hola Davinia buenos días! Espero que hayas empezado el año de una manera fantástica.
    Quería decirte que me encantan tus textos, y también tus videos.
    Ando dando pequeños pasitos en este ámbito de la espiritualidad que tenía tan dormido en mí, y resulta que cada dos por tres me tropiezo contigo. Y siempre termino con una sonrisa. Me encanta!
    Gracias por lo que haces. Un abrazo grande y disfruta de la semana!

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