La felicidad del sacrificio

Hoy estoy supercontent@ porque… Cada vez que escucho esa frase, me pitan los oídos.

¿De verdad queremos vivir una vida tan miserable en que la felicidad depende de pequeños ratos de satisfacción cuestionable? ¿De verdad aspiramos como personas a una felicidad condicionada por nuestros juicios sobre lo que es bueno y malo y dependiente de aquello que nos sucede en relación a esos juicios?

Estaba en 3.º de la E.S.O., debía de tener unos 14? años. No sé bien por qué, la clase de valenciano derivó en una conversación sobre la felicidad. Tras un bache poco tiempo antes en que había estado un tanto tristona al pasar al instituto, recuerdo que en esa época mi visión de la vida era dulce, inocente, optimista. Tenía muchas esperanzas en cuanto a lo que estaba por venir y fe en que la vida podía ser (era) bonita. Recuerdo que la profesora nos decía que, según su criterio y experiencia, no existe la felicidad total. Según ella, podíamos vivir momentos puntuales de felicidad, pero no una felicidad continua.

En aquel momento, yo no disponía de una respuesta clara. Mi reacción se limitó a un yo creo que sí es posible ser siempre felices, acompañado del ladear de mi cabeza con una expresión de duda ante lo que ella decía. Ese momento se me grabó, hasta tal punto que todavía puedo verla frente a mí y describir dónde estaba yo sentada.

Tal vez fueron los residuos de esa inocencia y visión amable los que me permitieron siempre creer y confiar en que todo estaba bien, incluso en los años de confusión que siguieron a mi mayoría de edad.

Con ese dulce recuerdo en mente, vuelvo a preguntarme: ¿de verdad nos hace falta un porqué para ser felices? ¿Acaso no sería esa una felicidad muy pobre, muy barata?

¿Y si la felicidad verdadera fuera nuestro estado esencial, el cual se ve encubierto con los quehaceres de la mente?

¿Nos atrevemos a desprendernos de los juicios y del ruido mental, incluido ese ruido que nace cuando creemos tener un motivo para ser felices, y así dar espacio a una felicidad libre, no afectada por lo que antes denominábamos bueno o malo?

Felicidad, dicha, satisfacción total e independiente de todo lo que sucede a nuestro alrededor: esa es la única verdad.

No obstante, para poder experimentar ese estado de dicha inalterable debemos ser capaces de desprendernos incluso de aquellos pensamientos que denominaríamos buenos. Cuánto nos cuesta dejar pasar esos, ¿verdad? Podría parecer que saltamos del precipicio sin paracaídas. ¿Qué habrá más allá de los recuerdos de un momento bonito? Todo aquello por lo que merece la pena vivir requiere un sacrificio; y vivir en plenitud exige que nos liberemos incluso de aquellos pensamientos que nos ponen una sonrisa en la cara, pues siguen siendo ruido, siguen siendo resquicios del pasado y no el ahora en que la verdadera felicidad reside.

Vivir requiere un sacrificio.

Davinia

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