Un puñado de confianza

La vida se convierte en un arte. La belleza radica en nuestra esencia, en la de todos. Volverte consciente de esa belleza, de la belleza que radica en todo y en todos, crea pequeños milagros allá a donde vamos. Una sencilla sonrisa intercambiada con un desconocido puede abrirte las puertas a los lazos eternos que generan la unión entre todos nosotros.

Hace unas semanas fui a un supermercado (¿quién dice que los milagros no se dan en lo cotidiano?). Estaba en la segunda planta y me disponía a bajar por las escaleras mecánicas. En la parte superior, a mi lado, había una señora con coloridas y alegres vestimentas propias de la India. Su sonrisa y su linda piel también debían de ser de la zona. Ya descendiendo por las escaleras mecánicas, cada vez más lejos, había una chica más o menos de mi edad que debía de ser su hija. Le decía con gestos que caminara, que diera un paso al primer escalón.  Sin embargo, la señora de rostro amable tenía miedo.

Me puse a su lado, le ofrecí la mano y le dije: ¿Bajamos juntas? Sonrió; la hija la animaba. Me cogió fuerte de la mano y dimos un paso a la vez. Nuestras manos siguieron unidas durante todo el trayecto. Aun veo su sonrisa nerviosa que denotaba la pureza del miedo ante lo desconocido.

Quién habría dicho que un minuto puede ir cargado de tanto: tanto amor que me hizo sentir, tanta confianza que depositó en una desconocida, tanto respeto hacia todo lo que implicaba para ella dar ese pequeño paso. Ese momento me enseñó cuantísimo amor hay en mi interior, incluso hacia una aparente desconocida. Me enseñó que se puede amar una sonrisa que llega y se va con la ligereza de una pluma; y todo está bien.

Me pregunto verdaderamente quién gana más: ¿el que da, o el que recibe? Y si tal es la ganancia por ambas partes, ¿acaso no son caras de una misma moneda? ¿Acaso no es al dar amor, amor sincero, que descubrimos lo que es amar? Un amor que no espera, que no busca, que no necesita, que no exige, que no depende, que no duele. Solo amor.

Solemos asociar dar con perder, con desprendernos de algo. Tal vez las cosas no sean como parecen.

 

Tal vez sea en el arte de dar todo aquello que es bello que nos damos cuenta de que en nuestro interior solo hay belleza. Solo cuando nos entregamos, cuando damos lo mejor de nosotros, nos volvemos conscientes de que en nuestro interior hay un amor que va mucho más allá de los límites de nuestra mente.

El amor es un misterio. Es todo lo que existe y ha existido. ¿Y no es esa belleza, esa perfección tan sencilla en el dar y el recibir sinceros, la que define el arte de vivir?

¿Seguimos caminando junt@s? En Instagram comparto imágenes del día a día que, sin quererlo, van contando la historia del bello vivir. También podemos conectar en Facebook y en Youtube. Nos vemos por las redes 🙂

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3 pensamientos sobre “Un puñado de confianza”

  1. Llena más amar que ser amado; estoy contigo, Davinia. Bonito momento. Algo parecido me pasó en el tren el otro día. Frente a mí, un extranjero hablaba sin cesar por el móvil, elevaba la voz. Entre frases irreconocibles yo solo entendía muchos Cristinas incrustados. Estuvo mucho rato y en cierto momento pensé en llamarle la atención para que dejara de molestar; pero algo me frenó y quedé en silencio pensando qué pasaría por su cabeza. Un rato despúes colgó y se llevó un papel a la cara para ocultar el rostro. Me dí cuenta de que sus ojos estaban rojos. Despues lloró en silencio. Yo estaba incómodo, pero necesitaba abrazarle y consolarle sin saber por qué. No sabía cómo romper el hielo mientras él seguía ocultándo su rostro. Mucho rato después, le pregunté: – ¿Es usted rumano? – Sí – Lo he supuestos por cómo sonaba su conversación… Solo eso bastó para que me contara su historia de amor y desamor como un torrente de hechos, detalles, sentimientos, pensamientos, decepciones y esperanzas. No es el caso detallar esa historia sino cómo me sentí de bien ayudándole a desahogarse y apoyándole con recetas optimistas, quizás ilusas, pero necesarias para él en ese momento. He de darle las gracias porque me hizo sentirme bien.

    1. Bonita historia, Enrique. Bendita intuición que nos hace mordernos la lengua de vez en cuando y pensar más en los demás y menos en nuestro confort 🙂

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