Paz de corazón

Y todo esto, ¿para qué?

Días en que sientes saber todo y, ante todo, sabes que no sabes nada. Ay, de entender más, ¡qué diferente sería todo! ¿O tal vez no? Hay un espacio, un silencio. Ha habido un cambio en el predominio de los pensamientos que se ha visto reducido a muy poco. Existen, pero poco importan.

¿Es posible vivir y que sean inexistentes? ¿O viviremos siempre con la sencilla incertidumbre de estar haciéndolo lo mejor que podemos?

Hacemos lo que podemos; pero hay días en que te das cuenta de no vivir esa paz y belleza que vive en el centro de todos. Te das cuenta de que podrías ser mejor persona y pides ser capaz de dejar todo a un lado y confiar, confiar en que de veras lo has hecho lo mejor que podías.

Pido perdón por los días en que han prevalecido las pequeñeces y confío en esa paz única que lo cubre todo. Escucho la paz de corazón. Una paz llena de esperanza que perdona, abraza y exclama: ¡No te pierdas en este juego! ¡Todo es ligero, sencillo, liviano en esa paz! ¡Vuelve siempre a mí y la vida seguirá su curso con facilidad, belleza, naturalidad!

Esa es tu paz; y esa paz eres tú.

Deja que las hojas se vayan con el viento mientras tú permaneces firme como un árbol.

2 pensamientos sobre “Paz de corazón”

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