Día 03 – De pronto, silencio

Este texto forma parte de una serie de textos escritos durante una semana en silencio en agosto de 2017. En el primer día de silencio no escribí y por ello empiezan por el día 02. Al encontrarme en un monasterio cristiano ecuménico, la hermana que guiaba el retiro nos sugería varios textos de la Biblia que leeríamos durante el día a nuestra voluntad. Yo optaba por leer uno de los pasajes, meditar en silencio sin pensar en él y luego escribir lo que naciera sin que necesariamente existiera una relación con el pasaje. Los textos de esta serie fueron escritos después de esas meditaciones con pasaje bíblico. El pasaje correspondiente aparece al principio de cada texto.

 

[Primera meditación]

El Señor es mi pastor,
nada me faltará.
En lugares de verdes pastos me hace descansar;
junto a aguas de reposo me conduce.
El restaura mi alma;
me guía por senderos de justicia
por amor de su nombre.

Aunque pase por el valle de sombra de muerte,
no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo;
tu vara y tu cayado me infunden aliento.
Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos;
has ungido mi cabeza con aceite;
mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
y en la casa del Señor moraré por largos días.

(Salmo 23)

Una casa con prados verdes y mullidos. Flores de muchos colores que parecen hipnotizar y llevarte a un sueño amable con su fragancia. Esas mismas flores de colores vivos que nunca parecen marchitar.

Me llevas de la mano con la dulzura de ese algodón rosa que recuerda a los días de celebración. Tu tacto es tierno, tan tierno como el de la abuela que arrastra el pelo detrás de las orejas con la mirada cargada de amor.

Tus formas son amables y fluyen cual arroyo que no se topa con rocas ni desechos. Solo yo, solo nosotr@s, ponemos esas rocas y desechos.

Una llave que no abre y ahí estoy yo.

Un tropiezo en medio de la noche y ahí estoy yo.

Una «junta» que chirría y ahí estoy yo.

Una flor que pronto marchita y ahí estoy yo.

En ti, caminos iluminados por una cálida luz sin objetos de por medio. Las puertas se abren como por arte de magia y nos llevan al jardín que siempre ha sido nuestro. Al jardín que siempre ha sido tuyo.

Encuentros fortuitos siempre predestinados.

Una sopa caliente para un corazón helado.

Un refrescante chaparrón tras meses de sequía.

Si la llave no abre, perdón por no haber sabido escuchar.

Si la puerta se abre sola, gracias por siempre ir por delante, por acercarme hacia donde siempre tenía que ir.

Contigo, en ti, burbuja ligera que flota grácil dejándose llevar por tu aliento.

 

[Segunda meditación]

 En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles. Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron; porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; soy yo, no temáis! Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban. Porque aún no habían entendido lo de los panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones. (San Marcos 6:45-52)

Tener el corazón cerrado se traduce en una indisposición para escuchar, para recibir una mano amiga que se extiende para ayudarnos. Tener el corazón cerrado implica creer que los problemas se resolverán según nuestras expectativas. Implica temer lo desconocido, esperar aquello que nuestra mente había prefabricado.

Tener el corazón abierto significa darse cuenta de que no sabemos nada, de que no conocemos la solución a problemas que, tal vez, incluso hayamos creado sin quererlo nosotr@s mism@s. Tener el corazón abierto significa creer en los milagros, saber a ciencia cierta que hay quien vela por nosotr@s y por nuestro bienestar. Saber que todo se solucionará en el momento en que admitamos que no somos capaces por nosotr@s mism@s, que una solución verdadera está más allá de nuestras manos. Si no es posible estar completamente abiertos a esta verdad, bastará con estarlo un poco. Una rayuela puede dar luz a la habitación entera.

Decides confiar ante todo momento de confusión y agitación. Decides confiar, confiar, confiar, porque sabes que todo sale bien en esa confianza. Decides confiar, abrirte, por mucho que se agite tu barca.

Decides confiar desde la desnudez y la vulnerabilidad, decides confiar con las manos vacías. Decides abrirte por completo a un amor que se abalanza sobre ti.

De pronto, silencio.

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