Día 04 – Amor que todo lo impregna

Este texto forma parte de una serie de textos escritos durante una semana en silencio en agosto de 2017. En el primer día de silencio no escribí y por ello empiezan por el día 02. Al encontrarme en un monasterio cristiano ecuménico, la hermana que guiaba el retiro nos sugería varios textos de la Biblia que leeríamos durante el día a nuestra voluntad. Yo optaba por leer uno de los pasajes, meditar en silencio sin pensar en él y luego escribir lo que naciera sin que necesariamente existiera una relación con el pasaje. Los textos de esta serie fueron escritos después de esas meditaciones con pasaje bíblico. El pasaje correspondiente aparece al principio de cada texto.

 

[Primera meditación]

 

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1 Corintios 13)

 

Como el olor a pan recién hecho o el de esa flor de azahar en un paseo nocturno. Ese amor… no lo ves, pero todo lo impregna. Ocupa hasta el menor de los espacios cedidos. Cuando se abre la puerta ya es demasiado tarde, pues no hay nada que lo detenga; y si lo dejas, cubrirá tus manos, tus pies y tus pisadas. Definirá tu boca y sus palabras, tus ojos y su mirar. Todo lo cubre solo con llamarlo; todo lo aborda solo con quererlo.

Olvidarse a uno mismo en virtud de los demás. No hacen falta actos heroicos ni recurrir a viejas glorias. Lo bello es sencillo. La verdad es sencilla, pura. La verdad es ese amor y ese amor es la verdad. La verdad es que solo vivir por ese amor puede salvarnos. La verdad es que solo ver ese amor en los demás puede salvarnos.

Ese amar que nace espontáneamente cuando aprendemos a ver. Cuando miramos a nuestr@s compañer@s de camino a los ojos y recordamos que no hay nada que nos separe. Unidos. Solo unidos.

Cómo no amar cuando ves toda la humanidad en los ojos de quien tienes delante. Cómo no amar al ver que todos estamos intentándolo. Todos lo hacemos lo mejor posible. Cómo no amar al ver un grito de auxilio en alguien furioso. Cómo no amar cuando percibes un grito de ayuda en la avaricia, o los celos, o la rabia, o la confusión.

Cómo no amar si todos lo hacemos lo mejor que podemos. Cómo no amar si no somos más que niños perdidos en un sueño que no comprendemos. Cómo no amar.

Sigues caminando y la vida te dice que, en realidad, da igual qué camino tomemos siempre y cuando sea en ese amor. Genuinamente, da igual si vamos a derecha o izquierda o seguimos recto porque lo único que importa es el garbo con el que emprendemos el camino. Venimos aquí con el único propósito de dar paso a ese amor divino. Venimos aquí para permitir que su perfección se vea manifestada en la Tierra.

La mayor liberación de este mensaje es que no hay cabida al error. No hay cabida para las dudas de si estaré tomando el camino adecuado porque el único camino tal vez no adecuado es el de la ausencia de ese amor. Si apenas permitimos que Dios hable a través de nosotr@s en todo lo que hacemos, veremos que no hay tarea que sea mejor ni peor, ni oficio, ni espacio mejores o peores siempre que haya un compartir; y que en ese compartir solo se comparta ese amor.

Todo adquiere un aire diferente porque, de pronto, todo y tod@s son dignos del mayor aprecio. Todo adquiere un aire diferente porque cada paso se convierte en un acto de veneración. Cada mirada trata de recordar que tú, tú también eres amado. Tú también estás exent@ de culpa. Tú también puedes empezar de cero en este instante y creer en un día más, una oportunidad más para manifestar tus dones.

Si es con amor, todo está bien.

Si es en ese amor que va mucho más allá de mí, todo vale.

Amarnos los unos a los otros.  Solo eso importa.

 

[Segunda meditación]

En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?  Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios. (San Mateo 14:22-33)

Cuántas veces, cuántas veces me viene esta escena en mente en cuanto hay un ápice de duda. A veces, se agitan un poco las aguas y con ellas se tambalea toda la fe que teníamos vertida en el vivir. Cuántas veces perdemos ese equilibrio solo por perder del centro de nuestra atención aquello que de verdad importa.

Y es así: céntrate en las cosas del mundo y perderás la paz. Perderás la paz si crees que de ti depende esa paz, si crees poseer la fórmula de tu felicidad. Perderás el equilibrio siempre que tú seas el centro. Y un buen día percibes que, tal vez, tú no te encuentres en ese centro. Sigues siendo especial, importante, amado, pero no eres el centro. Vivir en la entrega y ver en los demás la perfección que radica en todo. Vivir por amor, por la Verdad, por la vida, desde esa vida y en esa vida. Así, y solo así, centrando nuestra existencia en la fuente de vida eterna, podremos vivir en una paz que no es de este mundo. Solo así será nuestra confianza inamovible y no habrá viento ni marea que nos haga hundirnos.

Y nos hundimos en un momento de debilidad, ¡que sea por poco! ¡Que solo nos lleve un suspiro darnos cuenta de que hay quien da por nosotr@s su aliento!

Confía, confía. Todo está bien y todo tiene una razón de ser.

Confía en que tu respuesta llegará bañada en oro.

 

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