¿Quién se atreverá?

¿Quién se atreverá a decir ahora que no podemos? ¿Quién se atreverá a alzar la bandera en amago de detener nuestro caminar determinado?

Es la hora y es la fuerza la que nos mueve más o menos a sabiendas. Es el momento. Llega el momento de creer en un abrir de ojos interior estupefacto al ver la vida. ¿Quién se atreverá ahora? ¿Quién se atreverá a decirme que esos ojos hablaban de maldad cuando solo había la bondad infinita? ¿Cómo, si en el peor de los casos solo era el miedo el que te hacía tambalear? ¿Cómo dudar, ahora?

Esa fuerza en ti que es imparable y que ha encontrado su sentido. Esa corriente que al principio se manifestaba como un pequeño riachuelo y ahora es una corriente que atraviesa continentes. No hay quien te pare. No hay quien nos pare.

Vuelves a la melodía una y otra vez y no hay quien te pare. No hay quien nos pare.

Respiras hondo y no hay quien te pare.

Miras fijamente y no hay quien te pare.

No puedes parar por ser la paz de todos la que te mueve. No puedes moverte cuando es el ruido del caos el que te habla. Así eres tú. Sencill@ y callad@, alegre y dicharacher@. Así eres: indiferente y poderos@, descuidad@ y perfeccionista. Y fluyes con la expresión más apropiada en cada momento. Y eres siempre desde el Ser. Y quieres siempre desde el querer.

Todos tus pasos previos se concentran en este momento para manifestar la flor más bella. Todo nace y todo renace. La vida es nueva por haber pasado el paso del tiempo. La vida, renovada por haber trascendido el tiempo.

Déjame un poco más, dice un lago en ti. Solo un poco más de espacio para que te dejes llevar, para que tus manos no interfieran en la corriente de amor eterno, para que podamos dar cabida a un magnetismo de vacíos, a una atracción a lo invisible y sin forma, a aquello en que no piensas y aquello que eres sin serlo. Déjate llevar. Déjate arrastrar. Déjate querer.

Y cedes un poquito más porque la voz te quiere tal y como eres. Te dejas llevar porque ese dejar de mirar quiere enseñarte a ver, aceptando tu ceguera y tus tropiezos.

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