La sonrisa impoluta

Cuando miras las flores con recelo, te muestran sus arañas. No hay flor que desee ser arrancada de su fuente de vida, pues ello supondría un fatal destino. No hay vida donde la vida ha sido arrebatada. No existe vida en el poseer. Solo hay vida en el observar y acompañar, en el admirar y el compartir la vida que a cada uno nos es intrínseca. Una vida que se multiplica al cogernos de la mano en un eterno ahora que solo desea vernos brillar; brillar amándonos, mirándonos a los ojos viendo la eternidad.

Que no hay vida sin la fuente de vida; que nos llegue tu vida en todos, vida que desata horizontes y revela la inmensidad con la ternura de quien toma el camino de la ternura por decisión propia.

Y así, yo en ti y tú en él, conduce a una unión irremediable que nos despoje del peso de los imposibles. Dame fuerza, danos fuerza, para que las palabras no nublen la visión. Que las palabras se marchen caminando a paso ligero y que solo nos quede el quehacer de quehaceres, la sonrisa impoluta que nunca ha querido ser censurada, la pureza de aquel niño que nunca ha conocido el mal.

Danos valentía para beber de ti cada vez que la boca tenga sed.

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