De estrellas y amaneceres

Subimos al muro que nos permitirá contemplar el horizonte. Horizonte difusamente bello, con sombras tono dulzura. Sombras del color de la escucha y la comprensión, el silencio y las palabras amables.

Descansa el mirar con el sonido de tu dulce melodía. Podría pesar perderse entretanto, pero suena tu canción y mitiga todo canto hiriente. Habla tu voz y solo hay formas curvas y superficie amable; y descansar de tu mano se convierte en confusión. Confusión que es claridad. Confusión ante lo añejo. Latidos que se mitigan. Piel que se desvanece. Mano que se ofrece y es cariño. Mano que es perdón. Mano que es la fuerza imparable de dos intenciones que se unen.

Dame solo un segundo para que aquellas estrellas que me arropan cada noche iluminen incluso los amaneceres. Luz que atenúa las formas. Luz de los colores turquesa.

Repliego en los jardines que nos hablarán de familiaridad.

Despacio, cuidado. Cuidemos de que no nos ciegue la luz.

Andemos sigilosos, pero con paso firme: paso que marca su huella, huella estampada en la pureza única del alma.

Paso firme y tan ligero. Paso que eleva.

Paso que deja de ser y siempre es.

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2 pensamientos sobre “De estrellas y amaneceres”

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