Las flores del alma

Casi habíamos olvidado la claridad del amanecer cuando empezaron a abrirse claros. No hay nube que permanezca eternamente. No hay clamor que no sea respondido. No hay risa que no sea contagiada ni caricia que no apacigüe.
Despierta la ciudad. Despierto; pero siempre hay una distancia que permite ver los trazos con claridad. Siempre hay una distancia que emborrona los trazos, los rostros, para reducirnos a manchas de luz y sombras. Me parece fascinante cómo la pintura no tiene nada que ver con trazar líneas y rellenar; y todo que ver con contemplar el lienzo como un conjunto. Cada zona es relativa a la anterior. Un color no existe sin el otro, la armonía nace de que todos estén en todos. ¿Puede haber armonía en un puñado de colores puros, independientes?
Es increíble cómo nos hablas de la armonía de la vida en todas sus manifestaciones; sobre todo, tal vez, en las manifestaciones de belleza pura que exalta su gratuidad en el mero hecho de existir.
Muéstrame las flores de mi alma y permíteme compartirlas para que el mundo se regocije en aquello que tienes para dar. 

2 pensamientos sobre “Las flores del alma”

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